¿Cómo encontrar a tu socio ideal?

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¿Estás buscando un socio con el que crear una empresa, pero en tu entorno no conoces a nadie que realmente te complemente? Probablemente se te haya pasado por la cabeza buscar activamente un nuevo socio, en por ejemplo, eventos de networking. Sin embargo es difícil que esto funcione porque sería meter en tu empresa a un desconocido.

Socios

El problema de asociarte con alguien que no conoces bien personalmente, es que puede que no seáis capaces de trabajar bien juntos. Puede que tu socio tenga los conocimientos y habilidades que estás buscando, pero ¿cómo puedes saber si vais a ser capaces de trabajar coordinados y con confianza? En definitiva necesitas saber si conectáis a nivel personal. Esta es la principal diferencia entre buscar un socio y buscar un trabajador para tu empresa.

El psicólogo Arthur Aron creó un método con una serie de preguntas que permitían ayudar a construir esa relación de confianza. En un experimento con sus alumnos de la universidad demostró que aquellos que habían seguido su método de preguntas conseguían una mayor conexión personal que aquellos que simplemente charlaban sin un guión marcado. Este método se puede utilizar en el ámbito profesional, como para buscar a un socio; o incluso en otros ámbitos más personales.

El experimento:

Arthur Aron utilizó un grupo de alumnos de sus clases para realizar su experimento. Se trataba de una sesión de 45 minutos donde formó varias parejas para que se realizasen mutuamente un cuestionario. Las preguntas del cuestionario estaban agrupadas en tres bloques, donde se requería a los participantes expresar sus ideas, opiniones y experiencias cada vez más personales. La idea es que en cada bloque fuese aumentando el grado de confianza e intimidad entre los participantes.

Para que el experimento fuese viable hizo las parejas de modo que no se conocieran previamente, que no tuvieran personalidades enfrentadas (con un cuestionario previo) y que tuviesen claro que el objetivo de la sesión era ver si conectaban con la otra persona. Además utilizó un grupo de control paralelo para comparar los resultados al utilizar o no su cuestionario.

Las preguntas:

Cada pareja de participantes contaban con un listado de 36 preguntas, divididas en 3 bloques de 12 preguntas. Disponían de un total de  45 minutos, es decir 15 minutos para cada bloque. No era necesario que realizasen las 36 preguntas, pero sí que dedicasen el mismo tiempo a cada bloque.

El primer bloque era el menos personal y genérico. Algunas de las preguntas eran:

  • ¿Te gustaría ser famoso? ¿En qué sentido?
  • Antes de hacer una llamada de teléfono, ¿has ensayado alguna vez lo que ibas a decir? ¿Por qué?
  • ¿Cómo sería un “día perfecto” para ti?
  • ¿Qué tres cosas crees que tienes en común con tu futuro socio?
  • ¿De qué te sientes más afortunado en tu vida?
  • En 4 minutos, cuéntale a tu socio la historia de tu vida con el máximo detalle posible.

El segundo bloque era ya algo más personal y tenía preguntas como las siguientes:

  • Si hay algo que llevas soñando hacer desde hace tiempo, ¿por qué no lo has hecho todavía?
  • ¿Qué es lo más importante que has conseguido en tu vida?
  • ¿Qué es lo que más valoras en una amistad?
  • ¿Crees que tu infancia fue más feliz que la de la mayoría de niños?
  • ¿Qué momento de tu vida fue el más difícil?
  • Señala 5 cosas positivas de tu futuro socio

Y por último el tercer bloque contenía preguntas mucho más personales como estas:

  • Completa la frase: “Ojalá encontrase a alguien con quien pudiera…”
  • Si te fueras a convertir en un amigo íntimo de tu socio, por favor comparte con él algo importante que él debería saber
  • ¿Cuál fue el momento más embarazoso de tu vida?
  • Comparte un problema personal y pídele consejo a tu socio sobre cómo solucionarlo
  • ¿Qué es para ti demasiado serio como para hacer bromas al respecto?
  • Dile a tu socio algo que te gusta sobre él

Los resultados:

Lo primero que Arthur Aron descubrió es que los participantes disfrutaron y se divirtieron durante el experimento. Es decir, los participantes se sintieron cómodos con estas preguntas y el formato de ir respondiéndolas de forma recíproca.

Otro resultado es que esta metodología servía para prácticamente todo tipo de personas (tímidos, extrovertidos,…) y para todo tipo de combinaciones (parejas del mismo sexo o de distinto). En todos estos casos los resultados de las parejas que usaron esta metodología se demostraron más efectivos que el grupo de control.

Pero el descubrimiento más importante de este experimento es que ofrece un método sencillo para ayudar a construir una relación de confianza, imprescindible a la hora de encontrar a un socio para un proyecto emprendedor.

En definitiva para construir una relación de confianza es necesario compartir experiencias personales desde la honestidad, expresando cuáles son tus motivaciones y expectativas y entendiendo las de tu futuro socio.


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