Diseña el producto que busca el cliente: Diseño participativo

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El diseño de un nuevo producto requiere entender bien las necesidades de los usuarios. Sin embargo, se puede ir un paso más allá involucrándoles en su desarrollo, es el diseño participativo. No se trata de que los usuarios únicamente validen el diseño final, sino que participen en las distintas fases del mismo, y que sean el centro de la solución final.

Este enfoque se ha utilizado en muchas ocasiones, y es especialmente útil cuando las limitaciones del proyecto son un reto importante, como ocurre con muchos proyectos sociales, y más en países en vías de desarrollo. A continuación te presento dos ejemplos de cómo el diseño participativo consiguió mejorar la vida de miles discapacitados en Tanzania y cientos de familias desalojadas en Chile.

Silla de ruedas todoterreno y asequible

Amos Winter era un ingeniero que quería ayudar a los millones de personas con problemas de movilidad que viven en países en vías de desarrollo. Así que decidió diseñar una silla de rueda que funcionase bien en todos los terrenos, fácil de usar en interiores, a un coste relativamente bajo (menos de 200€) y que se pudiera reparar localmente.

Antes de concebir el diseño de la silla de ruedas, Amos visitó Tanzania y recopiló información de las necesidades de los usuarios, la tecnología disponible, el estilo de vida de los futuros usuarios de su producto. Al año siguiente volvió a Tanzania con un prototipo, pero pronto vio que era inviable para esa zona. Se manejaba medio tumbado, postura poco adecuada para terrenos irregulares donde es necesario ver bien por dónde ir.

Freedomchair

Al año siguiente Amos volvió con otro prototipo, pero tampoco funcionaba bien, era demasiado pesado y grande para el interior de las pequeñas casas donde vivían los usuarios. Un año más tarde consiguió finalmente dar con el diseño adecuado y al año siguiente ya consiguió afinar el producto final con todas las pruebas de esfuerzo, ergonomía y viabilidad necesarias.

El producto final fue una combinación de una idea ingeniosa de Amos (usar unas palancas para accionar la silla de ruedas) unido a todas las recomendaciones y experiencias que desarrolló con los usuarios. Para Amos resultó imprescindible visitar y conocer en profundidad a los usuarios del producto. Eso sólo lo consiguió cuando vivió pequeñas temporadas en esas comunidades.

Amos creó un producto totalmente nuevo y teniendo en cuenta las fuertes restricciones técnicas y presupuestarias del proyecto. La clave del éxito fue dar un paso más y en vez de diseñar PARA los usuarios, diseñar CON los usuarios.

Medias casas para realojar familiar

El reto de Alejandro Aravena estaba también relacionado con hacer la vida más fácil a muchas familias necesitadas. En Iquique, una ciudad en el norte de Chile, había que realojar a un centenar de familias en un solar de 5.000m2 y con un presupuesto por familia de unos 10.000€. En este presupuesto se debía incluir la compra del terreno, la construcción de la vivienda y las infraestructuras necesarias. Con estas restricciones sólo permitía la construcción de viviendas de unos 40m2, muy pequeñas para el tamaño medio de las familias. Lo habitual es que familias de ese tamaño vivieran en casas de unos 80m2. Además, los usuarios se negaban por completo a vivir en pisos, porque eso les impedía ampliar su vivienda en caso de que lo necesitaran.

Ante semejante reto Alejandro decidió involucrar a las familiar en la búsqueda de soluciones. Las familias llegaron a una conclusión, no era posible que les construyesen las viviendas que necesitaban. Sin embargo, sí que era posible que les construyesen media casa como la que necesitaban y después cada familia podría ampliarla en función de sus necesidades.

vivenda incremental

De este modo, el gobierno construyó a cada familia una media casa que incluía la estructura y las partes más básicas y funcionales de la vivienda. A partir de ahí, y utilizando la capacidad constructiva de cada familia, los usuarios se dedicaron a ampliar cada casa en función de sus necesidades.

Este reto sólo fue posible superarlo con la colaboración de los usuarios: desde la concepción de la idea de las medias casas hasta la ampliación de las mismas usando sus propios recursos.

En ambos casos, retos que parecían casi imposibles de solucionar fueron posibles gracias a la participación de los usuarios: indicando las restricciones del problema, recomendando mejoras a los prototipos, haciendo propuestas y hasta completando el producto final. Cuando en las empresas nos enfrentamos al reto de desarrollar un nuevo producto, resulta imprescindible conseguir la participación de los usuarios. Así tenemos más probabilidades de ofrecer lo que los usuarios están buscando y tener éxito en el lanzamiento.

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